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Guía para comprar prismáticos

Guía para comprar prismáticos

Guía para comprar prismáticos

Por Leonardo Fernández Lázaro

La extensa variedad de prismáticos disponibles en el mercado hace obligada la elaboración de esta guía breve para intentar orientar a mis clientes, y a los visitantes de mi sitio web en general, que pretendan comprar unos prismáticos pero no dispongan de criterios fundados para su elección. Tras años ya de experiencia personal con binoculares prismáticos de todos los tamaños, y leer bastante sobre el tema para entender mejor cómo funcionan, creo haber atesorado unos valiosos conocimientos que deseo compartir y espero que sean útiles a quien quiera que le interesen. Hay prismáticos que caben en un bolsillo o los hay que vienen en una auténtica maleta; los hay que apenas cuestan 20 euros y otros que nos costarán varios miles; sean cuales sean nuestras necesidades y expectativas, hay prismáticos que acercarán satisfactoriamente nuestra vista al mundo que nos rodea para que no perdamos detalle.

1. Descripción básica y tipos de binoculares

1.1. Binoculares galileanos
1.2. Binoculares prismáticos
1.2.1. Prismas Porro vs. prismas de tejado
1.2.2. Vidrio de los prismas

2. Tratamientos ópticos

3. ¿Cuánto acercan unos prismáticos?

4. ¿Qué prismáticos elegir?

4.1. Binoculares para astronomía
4.2. Binoculares para caza
4.3. Binoculares para espectáculos
4.3. Binoculares para náutica
4.4. Binoculares para niños
4.5. Binoculares para ornitología
4.6. Binoculares para senderismo
4.8. Binoculares para viajar

5. Valorar la calidad

6. Comprobar la colimación

Glosario

 

1. Descripción básica y tipos de binoculares

Unos gemelos, anteojos binoculares o, simplemente, binoculares son un par de telescopios iguales montados en paralelo para permitir una visión estereoscópica. Todos los binoculares disponen de una pareja de lentes oculares, por las que miramos, y una pareja de lentes objetivo, que son las frontales, las más próximas al objeto observado, típicamente más grandes que las oculares. Las especificaciones fundamentales de un binocular se describen de forma convencional con dos números separados por una equis, que nos indican su factor de ampliación, el primero, y la apertura de sus objetivos medida en milímetros, el segundo (por ejemplo, un binocular 10x50 ofrece 10 aumentos y tiene lentes objetivo de 50 milímetros de diámetro útil).

Los binoculares suelen disponer de un sistema mecánico de ajuste del enfoque, para adaptarlo a nuestra vista en función de la distancia al objeto observado, aunque también los hay sin enfocador. Este sistema de enfoque puede tener una rueda de regulación central -lo más usual, por comodidad- que modifica la visión de ambos oculares simultáneamente o sendos mecanismos de ajuste independientes para cada ocular. Los binoculares con mando de enfoque central generalmente tienen además un sistema de regulación adicional independiente en uno de los oculares, denominado ajuste de dioptrías, para compensar la diferencia de visión típica entre los dos ojos de cada persona.

Por su parte, los binoculares sin mecanismo de enfoque (denominados en inglés focus-free, fixed-focus, no-focus...) están previamente ajustados de manera que a partir de una distancia mínima fija (variable en función de cada persona) hasta el infinito la imagen se aprecie siempre enfocada, sin necesidad de realizar ajuste alguno en la óptica (ni siquiera una compensación de dioptrías entre los dos oculares). Este tipo de binocular simplemente se configura con una gran profundidad de campo y aprovecha la habilidad natural del ojo humano para enfocar. El principal inconveniente de estos binoculares es la imposibilidad de variar el enfoque para ajustarlo a distancias cortas de observación; las principales ventajas: la comodidad de uso, lógicamente, y la facilidad de garantizar la durabilidad, al no existir partes móviles en los tubos ópticos que puedan desajustarse y por las que pueda introducirse suciedad.

Prismáticos 10x50 Bushnell Spectator 171050, sin mecanismo de enfoquePrismáticos 10x50 Celestron UpClose G2 71256, con rueda de enfoque central y ajuste de dioptrías en ocular derecho

Otro de los ajustes que habitualmente se pueden realizar en un binocular, para adaptarlo a nuestra vista, es la regulación de la distancia interpupilar, de manera que la separación entre los centros de los círculos de luz que salen por los oculares (pupilas de salida) coincida con la separación entre los centros de nuestras pupilas. Normalmente, esto se hace abriendo o cerrando la bisagra que suele unir los tubos ópticos del binocular, hasta conseguir solapar completamente los círculos de imagen que producen los oculares para ver solo un círculo, perfectamente claro y redondo.

A continuación veremos los diferentes tipos de binoculares que podemos encontrar en función de su configuración óptica.

 

1.1. Binoculares galineanos

Son binoculares muy sencillos cuya óptica se compone de lentes objetivo convergentes (superficies convexas) y oculares divergentes (superficies cóncavas), como los primeros telescopios que se construyeran a principios del siglo XVII y que empleara Galileo Galilei para sus observaciones astronómicas. Esta configuración, que solían usar los primeros binoculares, no permite grandes ampliaciones ni amplios campos de visión, pero no requiere elementos ópticos intermedios para ofrecer una imagen correctamente orientada respecto al punto de vista del observador, y se emplea en la actualidad fundamentalmente en pequeños gemelos de teatro (4x30, por ejemplo).

Binocular galileano 4x30, con lentes objetivo convergentes y oculares divergentesGemelos 4x30 Bushnell PowerView 130430, con sistema de lentes galileanas

 

1.2. Binoculares prismáticos

Son los binoculares más populares, los típicos prismáticos, capaces de aunar potencia y manejabilidad. La configuración de su óptica es kepleriana, por emplear lentes convergentes tanto en los objetivos como en los oculares, igual que los telescopios ideados por Johannes Kepler hacia el año 1611, y disponen de un sistema de prismas intermedios que cumplen dos funciones: principalmente, corregir la orientación volteada de la imagen que propicia la combinación kepleriana de sus lentes, porque sin prismas se vería boca abajo, y por otro lado, plegar la trayectoria de la luz dentro del prismático para alcanzar una distancia focal mucho mayor que la longitud del tubo óptico, que permita conseguir la potencia necesaria para el uso específico del binocular -en tanto que la ampliación de la imagen es directamente proporcional a la distancia focal del objetivo, multiplicar su longitud implica multiplicar los aumentos- manteniendo contenido el tamaño. En función del diseño del sistema de prismas que emplean, los prismáticos se clasifican en dos familias: binoculares con prismas Porro y binoculares con prismas de tejado o de techo.

Los prismas Porro reciben su nombre del óptico italiano Ignazio Porro, quien los patentó en 1854 como sistema de reversión de imagen, y se emplean por parejas para la construcción de monoculares y binoculares, en una configuración de doble prisma Porro. Esta configuración provoca que el eje óptico del objetivo se encuentre desplazado respecto al eje óptico de su correspondiente ocular, dando lugar a los clásicos prismáticos anchos en los que los objetivos están más separados que los oculares o a binoculares compactos con prismas Porro invertidos, donde los objetivos están más juntos que los oculares.

Prismáticos 10x50 Tasco Essentials 2023BRZ, con sistema de prismas Porro clásicosPrismáticos 7x26 Bushnell Elite 620726, con sistema de prismas Porro invertidos

Los prismas de tejado o prismas de techo se denominan así porque tienen una sección en forma de tejado a dos aguas, donde dos caras se encuentran formando un ángulo de 90º. Los binoculares con prismas de tejado se diferencian fácilmente a primera vista de los binoculares con primas Porro porque sus lentes objetivo, sus prismas y sus oculares están alineados dentro de cada tubo óptico, resultando una característica configuración con tubos rectos, donde la separación entre los centros de los dos objetivos y los dos oculares es similar. Hay diversos diseños prismáticos que emplean una sección en forma de tejado; el más usual en binoculares se denomina Schmidt-Pechan.

Binocular con sistema de prismas de techo Schmidt-Pechan, que se han dibujado representando el recorrido de la luz en su interiorBinocular Bushnell H2O 10x42 134211, con sistema de prismas Porro, que se han dibujado representando el recorrido de la luz en su interior

 

1.2.1. Prismas Porro vs. prismas de tejado

El sistema de prismas que se emplee para la construcción de un determinado binocular no solo condicionará su apariencia externa, su peso o su volumen, sino también su rendimiento óptico. Por tanto, una de las primeras disyuntivas ante las que nos encontraremos a la hora de elegir unos prismáticos será decantarnos por los prismas de tejado o por los Porro.

Como se ha dicho, el diseño de los prismas dará lugar a diferentes separaciones entre las lentes objetivo de los binoculares, que consecuentemente presentarán ventajas e inconvenientes. Así, en tanto que la visión estereoscópica se consigue al fundir en nuestro cerebro las imágenes observadas por los ojos desde dos puntos de vista ligeramente diferentes, produciéndose una imagen tridimensional, la mayor separación de los objetivos en un binocular con primas Porro clásico generará -a distancias próximas- una percepción acentuada de la profundidad; mientras que un binocular con primas de techo no mejorará la imagen tridimensional observada a simple vista, al tener sus objetivos centrados con nuestras pupilas, Prismáticos 8,5x21 Pentax Papilio 62216, con prismas Porro invertidos y un binocular con primas Porro invertidos incluso reducirá la sensación de profundidad, por tener sus objetivos más juntos que nuestros ojos. Por contra, una mayor separación entre los objetivos limita nuestra capacidad para solapar completamente las imágenes producidas por los dos oculares cuando enfocamos más cerca, por lo que las distancias mínimas de enfoque óptimas más próximas se alcanzan con binoculares compactos que equipan primas Porro invertidos, existiendo modelos especialmente útiles para la observación de insectos a corta distancia.

Prismáticos gigantes 25x100 Celestron SkyMaster 71017, con prismas Porro clásicos También en relación a la separación de los objetivos, es obvio que este parámetro limitará además el diámetro de dichas lentes (una mayor separación entre los centros ópticos posibilita una mayor apertura). Es por esto que los prismas Porro invertidos solo se encuentran en binoculares pequeños, con lentes objetivo que no suelen superar los 25 o 26 milímetros de apertura; los primas de techo los encontramos en binoculares que no superan los 56 milímetros de apertura, y los prismas Porro clásicos permiten construir binoculares de una extensísima gama de aperturas, incluyendo prismáticos gigantes para observación astronómica o terrestre de largo alcance. En el caso de que nos inclinemos hacia la compra de un binocular con prismas de tejado que equipe lentes objetivo de 50 milímetros o más, resulta especialmente importante comprobar que la distancia interpupilar mínima (la distancia más próxima a la que se pueden ajustar los centros ópticos de los oculares) no sea superior a la separación entre los centros de nuestras pupilas, para que podamos centrarlas perfectamente con las de los oculares, ya que la configuración de estos prismáticos empuja dicha distancia mínima por encima de la distancia interpupilar de algunas personas adultas (menos de 55 mm).

Un último aspecto relacionado con la configuración física que resulta del tipo de prismas que monte un binocular, sería el referente al peso y, especialmente, el volumen del prismático. En este sentido, los prismas Porro clásicos darán lugar, normalmente, a binoculares más pesados y voluminosos que los prismas Porro invertidos y los prismas de tejado.

En cuanto al rendimiento óptico, está condicionado por la forma en que los prismas reflejan la luz internamente. Los prismas Porro son los más efectivos en este aspecto, y especialmente en gamas básicas podemos comprobar cómo los binoculares dotados de este tipo de prismas suelen producir imágenes más claras y brillantes que los construidos con prismas de tejado Schmidt-Pechan. Prismas Schmidt-Pechan, con la superficie especular en la cara superior y la sección de tejado en la parte inferior Esto se debe fundamentalmente a que en los prismas Porro la luz incide sobre sus caras siempre -exceptuando, evidentemente, las de entrada y salida- con un ángulo superior al crítico -respeto a la perpendicular-, por encima del cual se produce una reflexión interna total, mientras que en su recorrido dentro de los prismas Schmidt-Pechan la luz encuentra una cara con un ángulo inferior al crítico, por lo que ésta es necesariamente un espejo, incapaz de reflejar toda la luz que incide sobre él. Existe otro tipo de prismas de techo, denomidado Abbe-Koening, donde la luz también "rebota" en sus caras siempre por reflexión interna total, obteniendo una transmisión lumínica similar a los prismas Porro; pero es menos habitual porque da lugar a binoculares más largos que el sistema Schmidt-Pechan.

Por otro lado, la sección de tejado de los prismas de techo, ya sean Schmidt-Pechan o Abbe-Koening, divide la imagen en dos mitades: una mitad se refleja desde una cara del tejado hacia la opuesta, y la otra mitad en vicerversa. Esto produce cambios de fase dispares en la luz, dejando polarizada cada mitad de la imagen de forma diferente y generando una pequeña interferencia, que reduce el contraste y, por tanto, la resolución. Pero además, la arista central de la sección de tejado provoca la difracción de la luz, que visualmente se traduce en rayos luminosos alargados (picos de difracción) irradiados por puntos brillantes en la imagen (como puede ser una farola por la noche) en dirección perpendicular a dicha arista del prisma.

Por suerte, las desventajas ópticas de los prismas de tejado se pueden evitar o minimizar hasta un grado despreciable mediante complejos revestimientos ópticos, para equiparar el rendimiento de estos prismas con el de los Porro; aunque esto, lógicamente, encarece los prismáticos. Resumiendo, los prismas Porro ofrecen los mejores resultados ópticos al menor precio, pero es justo decir también que en la práctica -según mi propia experiencia- las diferencias en la imagen resultan generalmente menos visibles que las ventajas en cuanto a diseño ergonómico y mecánico de los binoculares con prismas de techo, por lo que actualmente está más extendido el uso este tipo de prismas.

 

1.2.2. Vidrio de los prismas

Evidentemente, el vidrio empleado tanto para fabricar los prismas como las lentes de un binocular es clave en el rendimiento óptico global. En la producción de los prismas, se suele hablar principalmente de dos tipos de vidrio: BK-7 y BaK-4. El vidrio BaK-4 se ha asociado comercialmente a prismáticos de mayor calidad que el vidrio BK-7, con algún argumento cierto, pero en la práctica emplear uno u otro vidrio no es una condición necesaria para fabricar un binocular de alta calidad. De hecho, el vidrio BK-7 produce una menor dispersión de la luz (separación de los colores), que genera menos aberración cromática.

Pupila de salida en binocular con prismas Porro BaK-4, que se aprecia completamente clara
Pupila de salida en binocular con prismas Porro BK-7, vista ligeramente desde arriba para mostrar dos de los márgenes ensombrecidos

Ahora bien, en la producción de binoculares con prismas Porro es importante emplear vidrio BaK-4 -u otro de propiedades similares- para conseguir la reflexión interna total de todos los rayos que viajan en el cono de luz formado por la lente objetivo. Esto es debido a que el vidrio BaK-4 es más denso que el BK-7, lo que implica un índice de refracción mayor, que a su vez se traduce en un ángulo crítico más pequeño que posibilita la reflexión interna total de los rayos de luz que inciden más frontalmente en las caras de los prismas. Por contra, el vidrio BK-7 tiene un ángulo crítico mayor, que impide la reflexión interna total de los rayos de luz que inciden más próximos a la dirección perpendicular sobre cada cara de los prismas Porro, de manera que parte de dicha luz atraviesa el prisma y se pierde. Como resultado, la luz que se pierde en cada cara de los prismas Porro BK-7 origina un margen ensombrecido en la pupila de salida -lo que adoptando un término del argot fotográfico se llama viñeteo-, sumando un total de cuatro márgenes porque tenemos cuatro caras de reflexión, que delimitan una región central clara de forma cuadrangular dentro de la pupila del ocular; mientras que en los binoculares con prismas Porro de vidrio BaK-4 o similar las pupilas de salida se pueden ver como círculos completamente claros. Por este motivo, cuando nuestras pupilas se dilaten lo suficiente como para abarcar la zona ensombrecida de las pupilas de salida de un binocular con prismas Porro de vidrio BK-7, obtendremos una imagen ligeramente menos brillante que si los prismas fueran de vidrio BaK-4.

Por su parte, en los binoculares con prismas de techo nunca veremos márgenes ensombrecidos en las pupilas de salida, independientemente de que empleen o no vidrio BaK-4, de modo que no deberemos darle demasiada importancia a dicho aspecto si vamos a comprar unos prismáticos de este tipo.

 

2. Tratamientos ópticos

Todos los prismáticos de buena calidad emplean diversos tratamientos ópticos para mejorar la transmisión de luz a través de sus lentes y prismas, que de otro modo producirían una imagen apagada, pobre, prácticamente inútil en algunos casos.

Una pequeña parte de la luz que incide sobre una lente o un prisma es reflejada por las superficies de entrada y de salida, por lo que en los prismáticos se aplican revestimientos químicos capaces de minimizar la reflexión de luz en las superficies ópticas. En tanto que un prismático suele tener 5 o más elementos ópticos en cada tubo, la luz debe atravesar 10 o más superficies, en cada una de las cuales se va multiplicando la cantidad de luz reflejada (por ejemplo, una superficie óptica sin tratar refleja en torno al 5% de la luz incidente, lo que se traduciría en una transmisión de luz total de solo el 60% a través de 10 superficies: 0,9510≈ 0,6, expresado en tanto por uno). La pérdida de luz por reflexión reduce, lógicamente, el brillo de la imagen producida por los prismáticos, pero además la luz reflejada en el interior de los tubos ópticos puede provocar resplandores que nublen la visión, reduciendo de forma drástica el contraste y la intensidad de los colores.

Los revestimientos químicos antirreflexivos o anti-reflejantes que encontramos en los prismáticos de buena calidad se suelen clasificar convencionalmente de la siguiente forma:

  • Revestimiento completo.- Todas las superficies ópticas separadas se encuentran tratadas con una capa de compuesto químico antirreflejos, generalmente fluoruro de magnesio. La transmisión de luz global puede superar el 80%, resultando aceptable para la mayoría de usuarios.
  • Revestimiento múltiple.- Al menos una de las superficies está tratada con varias capas de compuestos antirreflexión y el resto con una sola capa.
  • Revestimiento múltiple completo.- Todas las superficies separadas se encuentran tratadas con múltiples capas antirreflexivas, para conseguir una óptima transmisión de luz próxima al 90%.

Esta clasificación de los revestimientos ópticos anti-reflejos no establece un estándar en cuanto al tipo de compuestos químicos ni el número de capas que se depositan sobre las superficies ópticas, de manera que pueden variar entre los distintos fabricantes e incluso dentro de una misma marca podemos encontrar, por ejemplo, diversos tipos de tratamientos múltiples completos, que consiguen niveles de transmisión de la luz diferentes. Aun así, optar por prismáticos dotados de revestimientos múltiples completos suele ser garantía de imágenes brillantes y contrastadas, con colores vivos y naturales.

Prismáticos Swarovski EL 8,5x42, con 18 superficies ópticas separadas y una transmisión de luz del 90%

Como se ha comentado en el apartado anterior, existen también otros tipos de tratamientos ópticos específicos para los prismas de techo.

En el sistema de prismas Schmidt-Pechan se aplican revestimientos reflexivos, que pueden ser metálicos o dieléctricos (no metálicos), para conformar un espejo sobre la cara que no consigue la reflexión interna total de la luz. Los revestimientos especulares metálicos se componen de aluminio, alcanzando una reflexión de luz entre el 87 y el 93 por ciento, o de plata, con una capacidad de reflexión en torno al 95 por ciento. Los revestimientos dieléctricos de alta reflexión constan de hasta 70 capas, cada una de las cuales está perfectamente afinada para reflejar una estrecha banda de frecuencias luminosas (un color), y en conjunto consiguen reflejar toda la luz visible (todos los colores). Los revestimientos especulares dieléctricos son los de mejor calidad, consiguiendo niveles de reflexión más altos que los metálicos, por encima del 99 por ciento, y mejor resistencia al deterioro, porque no se oxidan.

pupila_no-pc-.jpg Por último, en los prismas de techo de mayor calidad, indistintamente de que sean de tipo Schmidt-Pechan o Abbe-Koening, se depositan revestimientos correctores de fase sobre las caras de la sección de tejado. Se trata de revestimientos dieléctricos que corrigen las direfencias de fase entre las dos mitades de la imagen que produce la sección de tejado de los prismas, para evitar interferencias entre ellas. En tanto que la luz queda polarizada con ángulos diferentes en cada mitad de la imagen, la efectividad de los tratamientos correctores de fase se puede comprobar fácilmente apuntado el binocular hacia el cielo diurno despejado y mirando las pupilas de salida a través de un filtro polarizador: si no hay corrección de fase o ésta no es suficientemente buena, podremos ver fácilmente cada pupila dividida en una mitad clara y otra oscura al girar el filtro hasta un determinado ángulo. Además, los revestimientos correctores de fase también reducen notablemente los picos de difracción típicos de los binoculares con prismas de techo, citados anteriormente.

 

3. ¿Cuánto acercan unos prismáticos?

Cuando la gente viene a mi tienda para comprar prismáticos, frecuentemente me hace preguntas como "cuánto alejan" o "qué alcance tienen" unos prismáticos. Una forma más correcta de plantear esta cuestión sería preguntar "cuánto acercan" y la respuesta suele venir escrita en el propio binocular, cuando indica la ampliación junto con el diámetro de los objetivos de la forma que comenté al principio de esta guía (8x42, 10x50, etc.), porque las veces que un instrumento óptico aumenta el tamaño de un objeto se corresponde con las veces que lo acerca a nuestra vista. Por ejemplo, un binocular 10x50 multiplica por diez el tamaño de los objetos que observamos a través de él, lo que equivale a dividir por diez la distancia que separa nuestra vista de los objetos (o sea, que si apuntamos hacia algo que se encuentre a 100 metros lo veremos como si nos acercásemos a solo 10 metros, mientras que algo que esté alejado 1 kilómetro se verá como a 100 metros de distancia).

Pero de esta forma sigo sin resolver completamente las dudas de la mayoría de la gente, que en realidad lo que pregunta es: ¿para qué distancia de observación sirve un binocular? Responder a esta cuestión me resulta difícil, porque no dependerá solo de los aumentos y la calidad óptica de los prismáticos, sino también de otros factores variables, como lo que esperemos observar a una cierta distancia y nuestra propia agudeza visual. Por tanto, la mejor forma de hallar respuesta a este asunto es probar nosotros mismos los prismáticos en las situaciones que esperemos usarlos. No obstante, podemos considerar de antemano que unos prismáticos normales, para manejar a pulso, a larga distancia proporcionarán una visión más bien panorámica que detallada; por lo que si esperamos acortar mucho las distancias, posiblemente lo que necesitemos en realidad sea un telescopio o un binocular gigante de alta potencia, que requerirá el soporte de un trípode para un manejo conveniente. Aun así, la mayoría de prismáticos se pueden acoplar fácilmente en un trípode y quizá nos sorprenda el nivel de detalle que podemos ganar respecto a manejarlos a pulso. Por otro lado, cuando miremos a larga distancia, en muchas ocasiones la visión se verá notablemente afectada por las típicas ondulaciones térmicas en el aire, que distorsionarán la imagen dificultando el uso de aumentos altos de forma satisfactoria.

 

4. ¿Qué prismáticos elegir?

Nos enfrentamos, por fin, a la principal cuestión que pretende ayudar a responder esta guía. Considerando que aspectos como el tipo de prismas por el que optemos dependen mucho de preferencias personales, condicionadas por el precio o la ergonomía, desarrollaré este apartado a partir de la famosa combinación de aumentos y apertura, que es lo que determinará en mayor medida, dada una calidad básica, el rendimiento de los prismáticos ante diferentes situaciones.

Algo fundamental que debemos conocer al respecto es que el tamaño de las pupilas de salida de un binocular está definido por la razón entre el diámetro de los objetivos y los aumentos, es decir, el diámetro de la pupila de salida resulta de dividir la apertura por la ampliación. Por ejempo, un binocular 10x50 tiene unas pupilas de salida de 5 milímetros de diámetro (50 mm : 10 = 5 mm). Éste resultará un asunto de especial importancia cuando se usen los prismáticos en condiciones de baja luminosidad (al atardecer o por la noche, en bosques frondosos...), porque entonces nuestras pupilas se dilatarán para compensar la falta de luz, alcanzando un diámetro máximo de unos 7 milímetros (que varía en función de cada persona y disminuye con la edad), y si las pupilas de salida del binocular son más pequeñas que las nuestras notaremos que la imagen es más oscura a través del prismático. Por ello, es conveniente contar con unas pupilas de salida grandes (5 a 7 mm) cuando se prevea usar los prismáticos de noche, para que obtengamos una imagen lo más clara posible -si podemos medir la dilatación máxima que alcanzan nuestras pupilas dispondremos de un dato importante para afrontar esta cuestión-.

Dicho esto, una clave para elegir bien la configuración de los prismáticos es comprobar qué ampliación cubre mejor nuestras necesidades y en base a ella calcular la apertura necesaria para obtener la pupila de salida que deseemos tener. Por lo general, los binoculares prismáticos trabajan con ampliaciones por debajo de la capacidad de resolución de sus lentes (a mayor diámetro de la lente, mayor resolución de detalles con más aumentos), por lo que un binocular 10x25 bueno -en seguida sabréis por qué subrayo lo de bueno- puede producir una imagen prácticamente tan clara como cualquier 10x50 a plena luz del día, cuando las pupilas del 10x25 (2,5 mm) son próximas a las de nuestros ojos. Sin embargo, cuando escasee la luz un 10x50 de buena calidad aventajará claramente a cualquier 10x25 en brillo y contraste de imagen. Pero además, en la práctica comprobamos que el brillo no se distribuye de forma uniforme en la pupila de salida, ni en los mejores binoculares prismáticos, porque parte de la luz procedente de la región más externa de las lentes objetivo es bloqueada por el sistema óptico, produciendo un viñeteo en la periferia de las pupilas de salida -que nada tiene que ver con el viñeteo cuadrangular de los prismas Porro BK-7-, de manera que solo la región central de las pupilas de salida se ve completamente iluminada cuando nos acercamos a ellas. Por esto último, en ocasiones podemos notar, con especial facilidad en prismáticos económicos, que modelos medianos o grandes producen imágenes más claras que los compactos de similares aumentos también de día, porque nuestros ojos abarcan completamente el viñeteo periférico de las pupilas de salida más pequeñas. En consecuencia, es necesario apuntar hacia prismáticos de alta calidad cuando deseemos un buen rendimiento en un formato pequeño; si no, es preferible hacer el esfuerzo de cargar con un binocular de tamaño estándar (algo como un 10x50 suele ser una apuesta segura) para optar a un rendimiento global bastante aceptable a precio económico. Un último beneficio de disponer de una pupilas de salida de tamaño medio o grande es que nos será más fácil asomarnos a los prismáticos.

Ahora, profundizaremos en los aspectos que debemos considerar en el momento de valorar qué ampliación nos conviene, dejando un poco de lado las pupilas de salida. En primer lugar, tendremos que pensar si principalmente usaremos los prismáticos a pulso, o más bien los vamos usar para ver pequeños detalles con el soporte de un trípode o apoyando bien los codos sobre algo estable. Para sostener a pulso, como norma se suele recomendar un máximo de 12 aumentos, aunque esto es mejor juzgarlo personalmente. Se trata de ver qué ampliación nos proporciona una visión suficientemente estable, porque los inevitables vaivenes de nuestro pulso, lógicamente, se trasladan de forma más acusada a la imagen cuanto mayores sean los aumentos, que amplían dichos movimientos en la misma proporción que aumentan el tamaño aparente de las cosas. A propósito de la estabilidad de la visión y la comodidad de mantener a pulso los prismáticos, volvamos a tener en cuenta el peso y la ergonomía, para contemplar la posibilidad de sacrificar una pequeña parte del rendimiento óptico global en favor de contar con un binocular suficientemente ligero y manejable, que podamos sostener fácilmente y siempre estemos dispuestos a llevarlo con nosotros para disfrutarlo en cualquier momento. En definitiva, es bastante recomendable ser pruedente respecto a los aumentos, el peso y el tamaño cuando esperemos hacer un uso intensivo del binocular a pulso.

Otro aspecto importante condicionado por los aumentos es el campo de visión, la extensión que nos permite abarcar un binocular cuando miramos a través de él, que convencionalmente viene especificada como la anchura en metros del área visible a la distancia de 1 kilómetro (campo de visión lineal), pero también puede aparecer indicado con el ángulo que abarca (campo de visión angular). Para que entendamos perfectamente esta relación, debo explicar antes el concepto de campo de visión aparente, que es el ángulo con que abarcaríamos la imagen de los prismáticos a la distancia que aparentemente nos acercan. Pues bien, para un campo de visión aparente de la misma amplitud, es fácil entender que cuanto más elevados sean los aumentos, cuanto más acerquemos la vista a las cosas, menor será el campo de visión real que abarcaremos.

Variación del campo de visión en función de los aumentos del binocular

La amplitud del campo de visión es un factor determinante a la hora de apuntar con los prismáticos, de forma que un amplio campo nos permite localizar fácilmente los objetos y seguirlos si están en movimiento.

Por último, si vamos a usar los prismáticos con gafas debemos prestar especial atención al alivio ocular, que determina la distancia máxima a la que podemos alejar los ojos de los oculares abarcando completamente el campo de visión. Un alivio ocular próximo a 20 milímetros debería ser más que suficiente en la mayoría de los casos para mirar cómodamente a través del binocular con gafas; cuando el alivio ocular sea más bien próximo a 15 milímetros recomiendo comprobar si en la práctica podemos usar convenientemente los prismáticos con nuestras gafas. Además, un alivio ocular amplio permite un manejo más confortable del binocular también sin gafas. Por norma, la distancia máxima a los oculares es menor cuando los aumentos son más elevados.

En resumen, podemos concluir fácilmente que elevar los aumentos en los prismáticos que decidamos comprar reducirá la comodidad de manejo (mayor vibración de la imagen a pulso, pupilas de salida más pequeñas, menor amplitud del campo de visión y alivio ocular más corto), por lo que debemos intentar encontrar una potencia equilibrada para disfrutar convenientemente de nuestro binocular. Existen prismáticos muy versátiles dotados de zoom, para variar los aumentos a nuestra conveniencia en cada momento, pero su uso no está muy extendido porque el mecanismo adicional de zoom los hace menos fiables y precisos, y algo más grandes y pesados. Pasemos a ver algunas recomendaciones más concretas para usos específicos.

 

4.1. Binoculares para astronomía

Los telescopios resultan un instrumento esencial para la mayoría de aficionados a la observación astronómica, pero los prismáticos también son una herramienta básica para muchos astrónomos. Quien lo desconozca, quizá comprenda fácilmente este punto si echa un vistazo al firmamento con un binocular convencional durante una noche oscura y despejada, para comprobar la ingente cantidad de finas estrellas que pueden aparecer ante nuestros ojos a través de unos simples prismáticos. Al fin y al cabo, un binocular prismático está conformado por dos telescopios montados en paralelo.

Apuntar hacia las estrellas con unos prismáticos suele ser más fácil e intuitivo que con un telescopio, gracias a un campo de visión generalmente mucho más amplio y a una imagen correctamente orientada respecto al punto de vista del observador, con la ventaja adicional de que la visión binocular produce menor fatiga visual y nos ayuda a captar detalles sutiles. Un binocular prismático es muy útil para localizar rápidamente objetos astronómicos hacia los que dirigir después un telescopio, pero también puede ser un valioso instrumento de observación astronómica por sí mismo. Principalmente, unos prismáticos de formato estándar (7x35, 8x42, 10x50...) pueden aportarnos unas ricas vistas panorámicas de campos estelares amplios y nos permitirán localizar un buen puñado de nebulosas (nubes de gas y polvo), galaxias y cúmulos de estrellas, que además contemplaremos dentro del contexto estelar que los rodea. Incluso, podremos observar con cierto detalle algunos de los objetos astronómicos más destacados y vistosos de nuestros cielos, como la Gran Nebulosa de Orión, la Gran Galaxia de Andrómeda o el cúmulo estelar abierto de las Pléyades. Por supuesto, la Luna nos regalará un bonito paisaje. En lo que se refiere a observación planetaria, Júpiter puede aportarnos las vistas más interesantes, mostrándose claramente definido como un planeta y acompañado por sus cuatro lunas galileanas -las que Galileo descubriera a principios del siglo XVII con un primitivo telescopio de peor calidad óptica que cualquier binocular moderno-. Muchos aficionados a la astronomía -entre los que me incluyo- piensan que el formato de prismáticos más eficiente para manejar a pulso es el 10x50.

Mención aparte merecen los binoculares prismáticos gigantes (15x70, 20x80, 25x100...), capaces de ofrecer unas impresionantes vistas de muchas zonas del cielo nocturno, potenciadas por la visión binocular para mostrarse superiores en ciertos casos a las de algunos telescopios astronómicos. Eso sí, este tipo de prismáticos requiere el soporte de un trípode firme, asemejándose más a un telescopio que a un binocular convencional en su forma de uso.

 

4.2. Binoculares para caza

La caza es una actividad en la que podemos enfrentar nuestros prismáticos con algunos de los ambientes más exigentes, tanto a nivel óptico como constructivo, y salir equipados con un binocular fiable puede ser clave para localizar una buena pieza. Sin embargo, es habitual encontrarse con cazadores que llevan prismáticos deteriorados o incluso que prescinden de ellos.

En tanto que los momentos de máxima actividad de muchas especies salvajes se concentran en torno al anochecer o al amanecer, es habitual que los prismáticos de un cazador se vean expuestos a bajas temperaturas y altos niveles de humedad, que empañarán fácilmente las lentes, al mismo tiempo que la escasez de luz demande ópticas muy luminosas. Además, en más de una ocasión podremos vernos sorprendidos por una tormenta inesperada que ponga a prueba la fiabilidad de los prismáticos bajo la lluvia, y nuevamente su capacidad para transmitir suficiente luz cuando no brilla el Sol. Por estos motivos, es recomendable contar con binoculares completamente impermeabilizados, si nuestro presupuesto lo permite, y dotados de ópticas capaces de transmitir una gran cantidad de luz a nuestros ojos. Los prismáticos impermeables son sellados con juntas tóricas y suelen rellenarse con algún gas seco, como nitrógeno, para garantizar un interior libre de polvo y humedad, que evite el ensuciamiento y el empañamiento interno de las ópticas. En realidad, cualquier binocular prismático concebido para el uso al aire libre suele estar preparado para soportar la lluvia, pero una construcción impermeable nos ofrece una garantía adicional y hace posible que los prismáticos hasta puedan resistir una pequeña inmersión accidental en el agua. Como característica añadida, es interesante que las superficies externas de las lentes estén tratadas con revestimientos hidrófugos, antiadherentes y protectores, que favorezcan la limpieza y dispersen la humedad para permitir una visión clara con los prismáticos mojados.

En lo que se refiere a la ergonomía y la mecánica, resulta interesante contar con una gran rueda de enfoque central que gire con suavidad incluso con guantes. Por supuesto, una carcasa de goma es conveniente no solo para proteger el cuerpo del binocular contra los golpes, sino también para amortiguar el sonido de dichos golpes, de manera que no alerten de nuestra presencia a las posibles presas -inevitablemente, lo prismáticos chocarán en más de una ocasión con nuestra arma-. Y a propósito de pasar desapercibidos, unos buenos tratamientos ópticos no solo nos brindarán imágenes claras a través de los prismáticos, sino que reducirán ciertos brillos en sus lentes objetivo que también podrían delatar nuestra presencia.

Respecto al tamaño y la ampliación ideales, deberían sopesarse bien en función del tipo de uso que principalmente se vaya a hacer. En general, una moderada ampliación de 7 u 8 aumentos es una opción muy equilibrada, que nos aportará un campo de visión amplio para localizar presas en terrenos complicados, al tiempo que favorece una imagen estable a pulso -que podemos agradecer especialmente cuando nuestras manos sean agitadas por el cansancio-. Por contra, si necesitamos mirar más bien a larga distancia en campo abierto, posiblemente nos convenga la razonable potencia de unos prismáticos de 10 aumentos. Por su parte, se aprecia que el tamaño y el peso no entorpezcan demasiado nuestra marcha cuando tengamos que cargar con el equipo de caza durante largos recorridos. Unos prismáticos de aumentos moderados con objetivos inferiores a 40 milímetros de diámetro (algo como un 8x36) pueden representar una opción ligera y versátil, aportando luminosidad suficiente para un uso general. Cuando se requiera un rendimiento óptimo durante la noche, puede interesarnos contar con pupilas de salida generosas, de 5 a 7 milímetros (presentes en bioculares como 7x35, 8x42, 8x56, 10x50 o 7x50), siendo la combinación 8x42 la que nos brinda quizá el mejor compromiso entre luminosidad, potencia y portabilidad. Opcionalmente, cargar el peso de los prismáticos sobre nuestros hombros por medio de un arnés, en lugar de colgarlos del cuello, puede permitirnos llevar cómodamente cualquier binocular de tamaño estándar (tan asequible, versátil y popular como puede ser un 10x50, por ejemplo).

 

4.3. Binoculares para espectáculos

Para llevar al teatro, unos pequeños gemelos de 4x30 nos brindan un aumento razonable en distancias relativamente cortas y una gran luminosidad para uso en la penumbra del patio de butacas.

 

4.4. Binoculares para náutica

La navegación es otra de las actividades que puede someter los prismáticos a condiciones extremas, especialmente en el mar. Obviamente, es más que recomendable que los prismáticos que llevemos en una embarcación cuenten con una construcción completamente impermeable, y a ser posible que floten en el agua. Una armadura de goma con un tacto que favorezca el agarre con las manos mojadas es otro elemento habitual en los binoculares náuticos. En cuanto al enfoque, los prismáticos marinos suelen disponer de un sistema de ajuste independiente en cada ocular, porque así se puede coservar de manera más efectiva la estanqueidad, y como en el mar la observación se hace a distancias más bien largas, normalmente no se requiere una rueda central de enfoque rápido, porque no hay que variar el ajuste una vez enfocados.

Por su parte, los aumentos deben ser preferiblemente moderados para que los prismáticos resulten funcionales en una nave sometida a constantes vaivenes, porque de otro modo la imagen sería demasiado inestable y el uso de los prismáticos podría incluso marearnos fácilmente. Además, una ampliación moderada asociada con una buena apertura (los prismáticos 7x50 son un clásico de la navegación) nos dará unas pupilas de salida grandes, que más allá de ofrecer la visión más luminosa durante la noche, facilitarán la tarea de asomarnos a los prismáticos en medio de los vaivenes de una embarcación, porque nuestras pupilas dispondrán de un amplio margen para situarse frente a las del binocular. Por contra, las personas que vayan a usar los prismáticos para pararse a observar desde una pequeña embarcación en aguas mansas a plena luz del día, apreciarán la conveniencia de binoculares del estilo de unos populares 10x25 con prismas de techo.

 

4.5. Binoculares para niños

Si vamos a comprar unos prismáticos para un niño pequeño, la principal consideración que debemos hacer es que las facciones más reducidas de su cara requerirán un binocular que se pueda adaptar perfectamente a ellas. Por tanto, tenemos que verificar que los prismáticos permitan una distancia interpupilar apropiada, generalmente menor que en un adulto. También convendría asegurarse de que el mando de enfoque resulte accesible para las pequeñas manos del niño.

 

4.6. Binoculares para ornitología

Los prismáticos son una herramienta básica para todo observador de aves y casi cualquier tipo de binocular de buena calidad puede encontrar su utilidad en este ámbito, porque los sitios y distancias de observación pueden ser muy diversos. No obstante, existen algunas premisas básicas que suelen definir las características de un binocular prismático versátil para uso general en ornitología. Una de estas premisas es contar con un sistema de enfoque central de funcionamiento suave, que facilite un ajuste rápido y preciso, para observar convenientemente pájaros que se muevan cerca de nosotros, variando frecuentemente la distancia de enfoque. Además, es necesario que los prismáticos nos permitan enfocar a distancias mínimas de unos 5 metros. Un campo de visión amplio también beneficia la observación de aves a distancias próximas, facilitando su localización y seguimiento, especialmente en zonas de abundante vegetación.

En lo que se refiere a los aumentos, suelen oscilar entre 7 y 10 para los prismáticos de uso general en ornitología. Las ventajas de inclinarse hacia uno de estos extremos ya las conocemos: una visión más estable con un campo más amplio en las ampliaciones moderadas, frente un mayor acercamiento a los detalles en ampliaciones más elevadas.

Respecto al tamaño de los objetivos, podemos determinarlo en función de lo pequeños y ligeros que deseemos resulten nuestros prismáticos. Si nos inclinamos hacia un binocular compacto, asociarlo con una ampliación moderada y una alta calidad óptica nos dará un rendimiento general satisfactorio -por ejemplo, uno de mis binoculares preferidos es un 7x26 con prismas Porro invertidos-. Si por el contrario nos decantamos por un tamaño más estándar, podremos beneficiarnos de la versatilidad y potencia de los prismáticos 10x42, disponibles en una amplia oferta que pone a nuestro alcance algunos modelos capaces de brindarnos imágenes claras y brillantes, de colores muy naturales, a un precio que se puede permitir prácticamente cualquiera que realmente tenga interés en comprar un buen binocular para disfrutarlo asiduamente durante muchos años. Para los que requieran un rendimiento sobresaliente también cuando la luz escasea, unos prismáticos 8x42 de alta calidad pueden representar la opción más versátil.

 

4.7. Binoculares para senderismo

Cuando salimos a caminar por el campo, podemos encontrar multitud de animales o paisajes que tendremos oportunidad de contemplar más de cerca si llevamos unos prismáticos, para ampliar la emoción del momento. Para un uso ocasional durante el día, quizá nos sirva bien algún binocular pequeño de hasta 12 aumentos que no suponga una gran carga llevarlo colgado siempre a mano. Pero recordemos que si deseamos un buen rendimiento en prismáticos compactos (8x21, 10x25, 12x32...) requeriremos una óptica de alta calidad para compensar las limitaciones de su tamaño; si no, es posible que nos convenga emplear un arnés que nos permita llevar colgado cómodamente algún binocular de formato más estándar (7x35, 8x42, 10x42, 12x42...), para no renunciar a un gran rendimiento óptico a buen precio. En tanto que no estamos definiendo concretamente el tipo de observación, voy a dejar a gusto de cada uno la ampliación ideal, aunque no sin recordar nuevamente que unos aumentos moderados favorecen la estabilidad de la imagen a pulso y la amplitud del campo de visión, entre otros aspectos.

 

4.8. Binoculares para viajar

Seguramente un pequeño tamaño sea una de las características más apreciadas a la hora de incluir unos prismáticos en nuestro equipaje. De nuevo, situaría los aumentos más razonables entre 7 y 12, haciendo hincapié en la importancia de contar con una buena óptica y la conveniencia de no ser ambicioso con la ampliación, si queremos disfrutar de imágenes realmente claras y vivas en prismáticos pequeños. Unas lentes objetivo de hasta 32 milímetros de apertura en binoculares con prismas de techo Schmidt-Pechan permiten un formato muy portátil, que cabrá en cualquier hueco de la maleta y nos pesará poco llevarlo colgado durante nuestras visitas turísticas.

 

5. Valorar la calidad

Después de habernos formado una idea más o menos clara sobre el tipo de binocular que puede cubrir nuestras necesidades, nos convendría disponer de ciertos criterios que nos permitan juzgar la calidad global de los prismáticos que vayamos a comprar. Honestamente, debo decir que en la actualidad es posible adquirir un binocular prismático nuevo de calidad aceptable por mucho menos de 100 euros, aunque ciertamente estirar el presupuesto nos dará acceso a niveles más elevados en todos los sentidos, que básicamente se traducirán en mejores imágenes, un uso más cómodo y una mayor fiabilidad a largo plazo. Un buen binocular adecuado a nuestras necesidades podría convertirse en un valioso instrumento que nos ofrecerá años -quizá toda una vida- de uso satisfactorio. Con esta premisa, habrá mucha gente dispuesta a realizar un pequeño esfuerzo económico para hacerse con un modelo de la mejor calidad a su alcance, especialmente si piensa hacer un uso intensivo de los prismáticos.

Quizá, juzgar la calidad óptica de unos prismáticos es una tarea más bien difícil para una persona sin experiencia, a la que posiblemente cualquier binocular de calidad mínimamente aceptable le parecerá que se ve bastante bien, mientras no disponga de otro claramente superior para compararlo. Pero no ser consciente de ciertas mejoras -a veces mínimas- en la imagen no siginifica que no vayamos a beneficiarnos de ellas, aunque seamos usuarios inexpertos,pupila_no-pc-.jpg porque más allá de aportarnos colores más vivos o permitirnos apreciar con mayor claridad pequeños matices, una visión más nítida y realista reducirá nuestra fatiga ocular cuando usemos de forma prolongada los prismáticos, pues nos obligará a forzar menos la vista para percibir los detalles; los mejores binoculares prácticamente conseguirán hacernos olvidar que los estamos usando, por su comodidad de uso y la viveza de sus imágenes. En fin, las principales aberraciones (defectos) que apreciaremos fácilmente en la mayoría de binoculares prismáticos -incluidos los de superior calidad- son el cromatismo, la curvatura de campo y la distorsión en almohadón. El grado en que se manifiestan las aberraciones aumenta con la distancia al eje óptico, es decir, los defectos se hacen más visibles hacia el borde de la imagen.

pupila_no-pc-.jpg El cromatismo o aberración cromática se produce por la incapacidad de una lente para enfocar todos los colores en un mismo punto, debido a que el índice de refracción del vidrio varía para cada longitud de onda (cada color), provocando la dispersión de la luz -el mismo fenómeno que da origen a un arcoíris-. El efecto más visible de la dispersión es la aparición de finos halos o "flecos" de color alrededor de los contornos que separan zonas claras y oscuras en la imagen. Si bien se trata de un defecto que no se puede corregir completamente, sí se consigue controlar lo suficiente como para reducirlo hasta niveles aceptables, y prácticamente pasará desapercibido en los prismáticos de alta calidad si procuramos centrar bien nuestros ojos con los oculares. Para minimizar el cromatismo se emplean lentes compuestas por varios elementos, con diferentes grados de dispersión. El tipo más común es el doblete acromático, formado por una lente frontal convergente hecha de vidrio de tipo crown, que presenta una baja dispersión, y una lente trasera divergente hecha de vidrio de tipo flint, cuyo grado de dispersión es elevado; de manera que la dispersión de ambos elementos se compensa parcialmente entre ellos, para conseguir corregir la aberración cromática para dos longitudes de onda específicas (típicamente los colores rojo y azul). Sin embargo, el grado en el que el resto de longitudes de onda (las que no se han corregido) aparecen desenfocadas por una lente acromática variará en función de la calidad de los vidrios empleados, de manera que un doblete hecho con elementos capaces de conseguir una dispersión suficientemente baja entregará una corrección sensiblemente mejor que otro con vidrios más convencionales. En algunos prismáticos -generalmente de alta calidad- se emplea vidrio de muy baja dispersión, que contiene fluorita y comercialmente se suele denominar ED (Extra-low Dispersion: "dispersión extra-baja") o HD (High Definition: "alta definición"), conformando dobletes de lentes con una mayor corrección cromática que los típicos dobletes acromáticos, sin necesidad de recurrir a configuraciones más complejas para construir las denominadas lentes apocromáticas (corregidas para tres longitudes de onda), cuyo mayor número de elementos aumentaría el peso y el tamaño de los prismáticos. Una buena corrección del cromatismo se reflejará en la imagen -siempre que el resto de aberraciones se encuentren controladas también- con unos contornos perfectamente definidos y una mejor reproducción de los colores.

Por otro lado, están las aberraciones que no son causadas por la dispersión de la luz, sino simplemente por la geometría de las lentes, entre las que se encuentran la curvatura de campo y la distorsión. Este tipo de aberraciones aparecen, por tanto, incluso con luz de un solo color, de manera que se las denomina aberraciones monocromáticas. La curvatura de campo produce, como su propio nombre indica, un campo de visión curvado que impide enfocar perfectamente toda la imagen, de modo que al ajustar el enfoque en la zona central los bordes de la imagen se desenfocan, y viceversa. Por su parte, la distorsión en almohadón provoca que las líneas rectas de la zona periférica de la imagen se curven hacia el centro, porque el poder de ampliación de la lente aumenta con la distancia al eje óptico; o sea, que la lente amplía más en la periferia que en la región central, haciendo que la imagen se deforme. Habitualmente se argumenta que cierto grado de distorsión en almohadón es deseable para evitar un efecto denomidado rolling ball ("bola rodando"), que produce la sensación de que la imagen rodara sobre una superficie esférica cuando desplazamos lentamente la visión. Estas aberraciones se puede corregir en gran medida con lentes aplanadoras de campo, para proporcionar una imagen más nítida y libre de distorsiones de un extremo al otro. Otra forma de minimizar las aberraciones para mejorar sensiblemente la nitidez de la imagen en todo el campo de visión es emplear lentes con una superfice asférica (no esférica), en lugar de las convencionales lentes esféricas que, aunque son más fáciles de producir y también consiguen corregir las aberraciones combinándolas adecuadamente, requieren varios elementos para hacer la función de un único elemento asférico, incrementando en consecuencia el peso y el volumen de los prismáticos.

Del resto de aberraciones monocromáticas, me parece especialmente importante comentar la aberración esférica. Se trata de un defecto inherente a las lentes de forma esférica, que producen una refracción mayor en los rayos de luz que inciden cerca del borde de la lente que en los que inciden más próximos al centro, resultando incapaces de enfocar la luz en un único punto. La aberración esférica afecta a todo el campo de visión por igual, produciendo una imagen borrosa si no se encuentra suficientemente corregida. Nuevamente, esta aberración se puede eliminar mediante una lente de formación asférica o varias lentes esféricas que se compensen entre ellas.

 

6. Comprobar la colimación

Cuando compremos un binocular prismático, podremos efecutar una serie de comprobaciones sencillas que nos ayudarán a evaluar la correcta colimación de su óptica, para garantizar una visión cómoda y nítida, aprovechando adecuadamente las cualidades del binocular.

Evidentemente, nunca debemos percibir doble imagen al asomarnos a unos prismáticos, y aunque a primera vista nos parezca ver una imagen bien fundida, podemos realizar algunas pruebas que nos permitan verificar la correcta alineación de los ejes ópticos de las dos mitades del binocular. Por ejemplo, comprobemos si al cerrar y abrir uno de los ojos, cuando miramos a través de los prismáticos, la imagen se vuelve a fundir sin dificultad. También podemos fijarnos en un punto destacado hacia el centro de la imagen (un letrero distante, por ejemplo), para luego ir alejando los oculares lentamente de los ojos sin dejar de mirar dicho punto y comprobar que nunca se desdobla. Si estas comprobaciones resultasen satisfactorias, confirmarían que las dos partes gemelas de nuestro binocular apuntan hacia la misma dirección (es decir, que sus ejes ópticos son paralelos), por lo que no tendremos que forzar la vista (bizquear anómalamente) para conseguir una imagen perfectamente unificada, y esto se traducirá en un uso prolongado confortable de los prismáticos; si resultasen lo contrario, delatarían una descolimación, y hemos de tener en cuenta que esta anomalía se puede corregir en algunos casos con un pequeño reajuste de la óptica por parte de alguien cualificado.

Por otro lado, miremos que las pupilas de salida se vean redondeadas -mejor cuanto más redondas- en los centros de cada ocular. Unas pupilas de salida correctas nos permitirán aprovechar toda la luz captada por los objetivos de los prismáticos, cuando nuestras pupilas se dilaten hasta un tamaño superior o similar al de las pupilas del binocular.

Para terminar, si queremos afinar al máximo la exigencia sobre la correcta alineación de todos los elementos ópticos -sopesemos también, en este caso, el precio que pagamos por los prismáticos-, fijémonos en el enfoque de la imagen a lo largo de todo el campo de visión. Si bien es normal que apreciemos una pérdida de definición hacia los bordes del campo, este efecto tendría que ser uniforme en todo el contorno y similar en ambos oculares. Y dicho esto, creo que cualquiera que haya leído esta guía con atención ya debe de contar con las nociones básicas para aventurarse a comprar prismáticos de forma bien informada, no quedándole mucho más que hacer que realizar las comprobaciones oportunas por él mismo.

 

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