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Telescopios astronómicos: guía para principiantes

Telescopios astronómicos: guía para principiantes

 

Por Leonardo Fernández Lázaro

 

En esta guía pretendo explicar de forma concisa una serie de conceptos básicos sobre telescopios, para orientar a los principiantes en este ámbito a la hora de afrontar la adquisición de un instrumento de observación celeste. Actualmente, el término telescopio abarca un amplio abanico de instrumentos destinados a la observarción de objetos lejanos, pero nosotros nos centraremos en los que nos interesan: los telescopios ópticos, y más concretamente los ideados especialmente para la observación astronómica. Me parece oportuno adelantar un consejo básico a la hora de comprar un telescopio astronómico: no se fije demasiado en la ampliación que anuncie el telescopio, sino más bien en el diámetro del objetivo (apertura), que determinará la máxima ampliación últil del instrumento (a mayor objetivo, mayor ampliación útil), por encima de la cual las imágenes se harán borrosas y oscuras. He estructurado esta guía en los siguientes capítulos:

1. ¿Un telescopio para empezar?

2. El telescopio óptico

3. Monturas

3.1. Altazimutal
3.2. Ecuatorial
3.3. Computerizada (GoTo)

4. Tipos de telescopio

4.1. Refractor
4.2. Reflector
4.3. Catadióptrico
4.4. Dobsoniano

5. Qué puede esperar ver

6. Qué telescopio es mejor para usted

Telescopios de iniciación recomendados

Glosario

1. ¿Un telescopio para empezar?

Cuando pensamos en observación astronómica, automáticamente pensamos en un telescopio, pero no es el único instrumento óptico que nos puede acercar al cielo nocturno. Unos prismáticos convencionales resultan muy útiles para iniciarse con buen pie en la afición de la astronomía, e incluso existen binoculares gigantes (15x70, 20x80, 25x100...) que brindan mejores vistas que un telescopio a bajos aumentos.

Prismáticos 10x50 Tasco EssentialsPortátiles y de fácil manejo, unos prismáticos nos permiten rastrear cómodamente desde cualquier lugar extensas áreas pobladas de estrellas, gracias a un campo de visión generalmente más amplio que en un telescopio, que nos ayudará a reconocer las zonas del cielo para orientarnos más fácilmente entre las estrellas, causándonos además menor fatiga ocular al mirar con ambos ojos; y también nos ofrecen interesantes vistas de la Luna y algunos planetas. Por ejemplo, los binoculares 7x50 (7 aumentos y 50 milímetros de objetivo) y 10x50 (10 aumentos y 50 milímetros) con prismas Porro están disponibles en modelos asequibles, son muy luminosos y nos dan acceso a muchas nebulosas, cúmulos estelares y estrellas invisibles a simple vista. Por supuesto, las cuatro lunas galileanas de Júpiter estarán a nuestro alcance. Un prismático 7x50 ofrece unas vistas grandiosas de la Vía Láctea bajo cielos oscuros, con una imagen estable a pulso. Por su parte, el 10x50 todavía se puede manejar razonablemente bien a pulso y además nos dará unas imágenes mejor contrastadas, resultando más adecuado en cielos afectados por contaminación lumínica -pues atenúa el brillo de fondo- y para la observación de objetos celestes brillantes, como la Luna, pero también de los objetos débiles pequeños.

Ahora bien, los prismáticos convencionales tienen una capacidad de ampliación limitada, por lo que no podrán competir con un telescopio astronómico a la hora de revelar detalles planetarios o discernir algunas estrellas dobles, por ejemplo. Las estrellas siempre se verán como puntos de luz, tanto si las observamos a través de unos prismáticos como con un telescopio a gran aumento, porque se encuentran demasiado distantes; pero los planetas del Sistema Solar aparecerán como círculos brillantes y mostrarán algunos detalles si se dispone de la potencia de ampliación suficiente. Por supuesto, un telescopio de mayor apertura hará visibles innumerables objetos astronómicos inalcanzables con los prismáticos.

En fin, tanto si finalmente nos aficionamos a la astronomía como si no, los prismáticos siempre resultarán un instrumento útil para buscar objetos celestes durante la noche o para mirar otras cosas durante el día. Familiarizarnos con la disposición de los objetos en el firmamento con la ayuda de un binocular prismático nos preparará para sacarle mayor partido a un telescopio astronómico.

2. El telescopio óptico

Un telescopio es un instrumento diseñado para recoger radiaciones electromagnéticas y permitir así la obsevación de objetos distantes que emiten o reflejan dichas radiaciones. El telescopio óptico emplea uno o varios elementos ópticos curvados (lentes o espejos) para recoger y enfocar la luz, formando una imagen que puede ser ampliada por una lente ocular. Los telescopios ópticos aumentan las distancias angulares entre puntos, así como el brillo aparente de los objetos.

3. Monturas

La montura es el dispositivo mecánico que soporta el telescopio y permite su movilidad sobre una base o un trípode. Es importante que la montura proporcione una sujeción firme y facilite unos movimientos suaves y precisos, puesto que, al trabajar con aumentos relativamente grandes, cualquier mínima vibración o desplazamiento del telescopio se traduce en un movimiento acusado de la imagen o incluso la pérdida del objeto observado -se hace realmente frustrante, incluso a bajo aumento, intentar observar un objeto celeste con un telescopio que no disponga de un soporte firme-.

Básicamente, existen dos tipos de monturas, en función del sistema de coordenadas celestes en que se basen sus movimientos: altazimutal, que se basa en las coordenadas horizontales, y ecuatorial, que se basa en las coordenadas ecuatoriales.

3.1. Altazimutal

altazimutal_vixen_porta.jpgTomando como referencia el sistema de coordenadas horizontales, este tipo de montura permite al telescopio girar en un plano vertical, para ajustar la altura, y un plano horizontal, para ajustar el azimut. Es la montura más simple y fácil de manejar, puesto que no requiere ajuste previo alguno para su correcto uso, resultando además la más apropiada para un uso terrestre del telescopio. Las monturas altazimutales de más calidad disponen de mandos de movimiento lento, para controlar con precisión el desplazamiento del telescopio.

3.2. Ecuatorial

Basada en el sistema de coordenadas ecuatoriales, este tipo de montura dispone de un eje polar, para regular la ascensión recta, y otro eje para ajustar la declinación. Es más compleja que la altazimutal y, para aprovechar las ventajas de su diseño mecánico, requiere una correcta alineción del eje polar, de forma que quede paralelo al eje de rotación de la Tierra, apuntando al polo norte celeste (o al polo sur celeste, si nos encontrásemos en el hemisferio sur).

ecuatorial_celestron_cg4.jpgLas ventajas de esta montura sobre el diseño altazimutal hacen de la ecuatorial la más utilizada por los aficionandos a la astronomía. Por un lado, permite seguir los objetos celestes con sólo girar el eje polar en sentido opuesto a la rotación de la Tierra, para compensar la rotación de campo, y existen motores específicamente diseñados para realizar esta función de forma precisa, por lo que resulta una montura ideal para astrofotografía de larga exposición. Por otro lado, su sistema de coordenadas ecuatoriales, con círculos de posición graduados en ambos ejes, facilita la localización de los objetos en la esfera celeste independientemente del punto de observación. Los principiantes pueden sentirse un poco intimidados a primera vista por la aparente complejidad de este tipo de montura, pero realmente su principio de funcionamiento es muy sencillo y con un poco de práctica se maneja con naturalidad.

El tipo de montura ecuatorial más difundido es la alemana, que emplea un contrapeso en una barra perpendicular al eje polar para equilibrar el peso del telescopio sobre dicho eje.

3.3. Computerizada (GoTo)

computerizada_celestron_nexstar4se.jpgEn versión altazimutal o ecuatorial, las monturas motorizadas controladas por computador se han ido popularizando por su comodidad y versatilidad de uso. Los también llamados telescopios GoTo -traducido literalmente del inglés: "ir a"- son capaces de localizar y seguir de forma automática miles de objetos celestes, sin necesidad de que el usuario tenga grandes conocimientos sobre astronomía o sobre el funcionamiento del telescopio. Para la puesta en estación es necesario introducir diversos datos en el computador, como fecha, hora y localización geográfica, pero incluso existen módulos GPS opcionales o incorporados en la propia montura que harán ese trabajo por nosotros con gran precisión.

Las monturas ecuatoriales computerizadas resultan ideales para astrofotografía de larga exposición, porque, además de mantener centrado en el campo de visión el objeto que estemos captando, su configuración ecuatorial les permite compensar la rotación del campo.

4. Tipos de telescopio

Los telescopios ópticos se pueden clasificar en función de los elementos que empleen para formar una imagen: refractor (dióptrico), que usa una lente convergente como objetivo; reflector (catóptrico), que usa un espejo cóncavo como objetivo, y catadióptrico, que emplea un espejo cóncavo y una lente correctora. En la imagen inferior se ilustran esquemáticamente tres ejemplos de los tipos de telescopio citados, representando en color blanco las lentes, en celeste los espejos y con líneas amarillas direccionales el recorrido de la luz desde su entrada en el tubo óptico hasta su salida hacia el ocular.

Refractor acromático, reflector Newton y catadióptrico Maksutov-Cassegrain
 

4.1. Refractor

Este sistema óptico emplea una lente -o una serie de lentes- para desviar (refractar) la luz proveniente de un objeto y enfocar su imagen. Por este motivo, a veces se habla de "telescopio dióptrico" para referirse a este tipo de telescopio.

A principios del siglo XVII se desarrollaron los primeros telescopios, de tipo refractor, y Galileo Galilei construyó el suyo propio para apuntarlo hacia el firmamento. La configuración que empleó Galileo combinaba una lente objetivo convergente con una lente ocular divergente.

refractor_celestron_c6rgt.jpgPoco tiempo después, Johannes Kepler sugeriría mejorar el diseño de Galileo sustituyendo la lente divergente del ocular por una lente convergente, lo que permitiría alcanzar un campo de visión más amplio y una mayor ampliación, aunque la imagen formada mostraba volteado vertical y horizontalmente el objeto observado. Ésta es la configuración típica que usan los telescopios refractores actuales.

Estos primeros telescopios empleaban lentes de un único elemento, lo que producía una acusada aberración cromática, que se limitaba aumentando la distancia focal del objetivo. Este efecto se reduce más eficientemente en los telescopios refractores actuales empleando lentes acromáticas o apocromáticas.

A diferencia de los demás diseños ópticos que comentaremos a continuación, el telescopio refractor no presenta obstrucción alguna a la entrada de luz a través del objetivo, lo que produce imágenes de muy alto contraste, especialmente en los diseños apocromáticos, ideales para observación planetaria. Además, ofrecen la versatilidad de poder usarse convenientemente también para observación terrestre gracias a la existencia de prismas inversores accesorios, que corrigen la orientación volteada de la imagen.

4.2. Reflector

En 1668 Isaac Newton construyó el primer telescopio reflector práctico, para demostrar que la aberración cromática de los telescopios refractores de la época podía solventarse utilizando un espejo como objetivo. El telescopio diseñado por Newton constaba de un espejo primario cóncavo y un pequeño espejo secundario plano, situado cerca del foco del objetivo con un ángulo de 45º, para reflejar la imagen a través de un orificio hacia un ocular montado en el lateral del tubo óptico.

reflector_celestron_astromaster130.jpgEste diseño permite grandes diámetros de objetivo a un coste moderado, ya que sólo es necesario conformar y pulir una única superficie óptica curva. Los telescopios newtonianos de mayor calidad usan espejos parabólicos -más costosos de producir que los esféricos- en el objetivo para minimizar la aberración esférica, si bien para reflectores pequeños y aquellos con razones focales superiores a f/8 un espejo primario esférico puede proporcionar una buena calidad óptica.

Los telescopios reflectores requieren una atención y un mantenimiento especiales, en lo que se refiere a la limpieza y la alineación de los espejos. En primer lugar, el espejo primario está directamente expuesto al aire durante las observaciones, por lo que se encuentra desprotegido ante el polvo y la humedad del entorno. En segundo lugar, la alineación de los elementos ópticos es más vulnerable que en un refractor o un catadióptrico ante eventuales golpes durante el transporte o cambios bruscos de temperatura, lo cual puede hacer necesaria la colimación del telescopio. No obstante, el reflector newtoniano es muy popular y pone al alcance de mucha gente una herramienta lo suficientemente potente como para acercarse al espacio profundo.

Debido al uso de espejos, podemos decir que este diseño de telescopio es catóptrico.

4.3. Catadióptricos

Los telescopios catadióptricos emplean una combinación de espejos y lentes para enfocar la luz. Esta configuración permite que los elementos refractivos (lentes) corrijan las aberraciones típicas asociadas a los elementos reflectivos (espejos), y viceversa.

schmidt-cassegrain_celestron_edgehd8.jpgEl diseño catadióptrico más popular entre los astrónomos aficionados es el Schmidt-Cassegrain, que emplea los siguientes elementos ópticos: una placa correctora delgada (lente asférica de Schmidt, sin ampliación), un espejo primario cóncavo de superficie esférica y un pequeño espejo secundario esférico convexo soportado por la placa correctora. La luz entra en el tubo óptico atravesando la lente de Schmidt, que la adapta al espejo primario corrigiendo la aberración esférica de éste; el espejo primario la refleja hacia el espejo secundario, y éste la redirige hacia la parte posterior del tubo óptico, a través de un orificio en el espejo primario, donde se sitúa el ocular. De esta forma, la luz recorre varias veces la longitud el tubo antes de llegar al ocular. La trayectoria lumínica plegada permite grandes aperturas de objetivo mantetiendo una longitud del tubo óptico muy corta, haciendo que estos relescopios resulten especialmente portátiles y sean menos susceptibles a las vibraciones en condiciones de viento.

Una evolución del diseño Schmidt-Cassegrain es el Maksutov-Cassegrain, que sustituye la compleja placa correctora Schmidt por una simple lente esférica gruesa (menisco), que también corrige la aberración esférica y resulta más fácil de fabricar. La aberración cromática se elude en ambos diseños gracias al uso de un espejo en lugar de una lente para focalizar la luz. El Maksutov-Cassegrain suele emplear un espejo secundario menor que el Schmidt-Cassegrain, lo que produce una resolución ligeramente mejor en observación planetaria. Pero el diseño Maksutov se hace más pesado que el Schmidt a igualdad de apertura, por el grosor del menisco, y a su vez requiere más tiempo para alcanzar la estabilidad térmica, por lo que el Schmidt-Cassegrain es más apropiado para grandes aperturas.

vixen_vmc110l.jpgExisten otras variantes de telescopios catadióptricos sobre el diseño Cassegrain, como el Maksutov-Cassegrain modificado original de Vixen, que presenta un tubo óptico Cassegrain abierto que incorpora una pequeña lente correctora delante del espejo secundario -la luz atraviesa dos veces el menisco-. El diseño catadióptrico abierto de Vixen aligera peso y elimina problemas de condensación de humedad interna asociados con los tubos ópticos cerrados, pero expone su óptica directamente al polvo y la humedad del entorno, como los telescopios reflectores. Por otro lado, la obstrucción que encuentra la luz a su entrada al tubo óptico es mayor que en un Maksutov clásico, provocando una pérdida de contraste ligeramente superior en la imagen.

Los catadióptricos son quizá los telescopios más versátiles, capaces de aunar gran diámetro y tamaño portátil, y también se pueden usar fácilmente como telescopios terrestres, al igual que los refractores, con prismas inversores de imagen.

4.4. Dobsoniano

dobsoniano_sky-watcher_8.jpgUn telescopio dobsoniano o Dobson es simplemente un telescopio reflector newtoniano sobre una montura altazimutal muy sencilla y sin trípode fabricada generalmente con paneles. Este tipo de telescopio fue popularizado por el astrónomo aficionado John Dobson en la segunda mitad del siglo pasado, con el objetivo de poner al alcance de las masas la astronomía práctica, a través de un instrumento de observación grande pero barato, portáti y fácil de usar.

Los telescopios dobsonianos de gran apertura son especialmente apropiados para la observación visual de objetos débiles a baja ampliación en cielos sin contaminación lumínica. A la hora de manejar grandes aumentos, la montura dobsoniana tradicional resulta algo inconveniente por su sistema de desplazamiento manual en azimut y altura, pero este problema desaparece en los telescopios Dobson con motores de seguimiento automático y computerizados.

5. Qué puede esperar ver

Supongo que esta pregunta debería planteársela todo aquél que piense en adquirir por primera vez un telescopio astronómico, pues esas expectativas son las que normalmente motivarán nuestro interés por dicho instrumento óptico. Lo que podamos observar depende de varios factores, que no sólo incluyen la potencia de nuestro telescopio, sino también las condiciones lumínicas y atmosféricas, así como nuestro nivel de habilidad.

En este punto, conviene advertir que no debe esperar ver galaxias de colores deslumbrantes, y que es probable que al mirar por primera vez un planeta a través del telescopio le parezca mucho más pequeño de lo que había imaginado. Hoy día estamos acostumbrados a ver imágenes espectaculares de cuerpos celestes en los medios de comunicación, pero este tipo de vistas son difícilmente observables directamente, pues pertenecen al ámbito de la astrofotografía, que es una disciplina diferente a la observación visual.

Ahora bien, ¿qué podemos ver con un telescopio astronómico? Por supuesto, tendremos al alcance nuestra Luna, horadada por cientos de cráteres. Júpiter, Saturno, Marte, Mercurio y Venus, son los planetas más fácilmente observables, mientras que Urano y, especialmente, Neptuno son planetas de nuestro Sistema Solar que requieren cierta potencia para verlos como un disco definido. Innumerables objetos de cielo profundo nos brindarán horas de entretenimiento: galaxias, nebulosas, cúmulos estelares, estrellas dobles.... El Sol también es una estrella interesante de observar, siempre que se disponga de la protección adecuada para la vista y el telescopio, desvelando varias manchas oscuras que cambian, se mueven, aparecen y desaparecen.

Aproveche el sowtware astronómico que venga con el telescopio -si es el caso- o descarge de Internet alguna aplicación gratuita, como el popular Stellarium, para localizar los objetos que desee observar. Mediante el planisferio interactivo podrá consultar los objetos que hay visibles, por encima del horizonte, en cada momento, e imprimir mapas del cielo para llevárselos durante sus sesiones de observación. Para empezar a familiarizarnos con el telescopio, es interesante mirar objetos brillantes fáciles de encontrar y enfocar, como la Luna y algunos planetas, que siempre se encontrarán próximos a la eclíptica (este-sur-oeste).

Venus y Júpiter son muy fácilmente reconocibles a simple vista porque, tras el Sol y la Luna, son los objetos más brillantes del firmamento, que se empiezan a ver poco después de la puesta de sol, antes de que haya anochecido completamente, destacando más tarde claramente sobre las estrellas en el cielo nocturno. Júpiter es el planeta más grande del Sistema Solar (su tamaño es más de 11 veces el de la Tierra) y se puede ver perfectamente, con sus cinturones y cuatro de sus lunas orbitando en torno a él, sin necesidad de usar gran ampliación. Venus, por la proximidad de su órbita al Sol, se suele encontrar fácilmente al atardecer o al amanecer, pudiéndose observar la evolución de sus fases, similares a las de la Luna, y la variación de su tamaño aparente, al acercarse o alejarse de la Tierra, con el paso de los días.

Marte también es un planeta relativamente fácil de localizar cuando está visible, porque aparece a simple vista como una destacada estrella de intenso y constante brillo anaranjado. Se ve como un pequeño disco anaranjado con cualquier telescopio pequeño, requiriendo cierta apertura para apreciar claramente detalles de su superficie.

Para localizar el resto de planetas, deberemos consultar documentación que nos indique su posición sobre el fondo estelar en cada época, a menos que dispongamos de un telescopio computerizado que los busque automáticamente o conozcamos bien las principales estrellas de las constelaciones -esto nos delatará la presencia de una "estrella" en una posición sospechosa-. Saturno nos brindará fascinantes vistas de sus anillos, y también podremos observar algunas de sus lunas con un telescopio no muy grande (unos 100 mm de apertura). Urano, debido a su lejanía, se puede apreciar sólo como un diminuto disco azulado con un telescopio pequeño, y Neptuno, más alejado aún, no se verá más grande que una estrella si no disponemos de un telescopio de cierta potencia (unos 150 mm de apertura). En Mercurio, cuya órbita es más próxima al Sol que la de Venus, con un telescopio de aficionado sólo podremos observar fácilmente sus fases, y siempre que la elongación respecto al Sol sea favorable.

En definitiva, cuanto mayor sea la apertura de nuestro telescopio, mayor número de objetos y más detalles podremos apreciar.

6. Qué telescopio es mejor para usted

Considero que la respuesta a esta pregunta es muy personal y cada uno debe valorar las distintas opciones en función de sus expectativas, sus posibilidades económicas y hasta su propia forma se ser, pues ésta condicionará mucho el tipo de uso que se haga del telescopio. Hay múltiples factores a considerar: peso, tamaño, diseño óptico, montura, ampliación requerida....

Como se suele decir, el mejor telescopio es aquél que más vayamos a usar, pues es el que nos proporcionará un mayor número de horas de disfrute del cielo -o también de vistas terrestres-. A lo que me refiero con esto es que el hecho de poder permitirnos un telescopio de grandes dimensiones con una montura muy estable, no siempre nos va a garantizar más placer que uno más modesto, si, por ejemplo, no vamos a poder sacarlo de casa con frecuencia para buscar cielos oscuros o si no dedicamos el tiempo necesario para aprender a sacarle partido a su potencial. Si tenemos el privilegio de disponer de un lugar bajo cielos poco contaminados por luz artificial donde dejar instalado de forma permanente nuestro equipo de observación, el tema del peso y las dimensiones no representará un problema; pero si, por el contrario, debemos transportar y montar nuestro telescopio cada vez que queramos acceder a zonas con buenas condiciones de observación, sí deberíamos establecer unos límites respecto al peso, el volumen y la complejidad de montaje de nuestro telescopio.

Dicho esto, una buena recomedación es que considere prioritario adquirir el telescopio con mayor apertura posible que entre dentro de sus posibilidades y se adapte a sus requerimientos de movilidad, siempre que ello no suponga renunciar a unos mínimos de calidad. Mayor diámetro del objetivo le aportará la capacidad de captar objetos celestes más débiles, manejar mayores aumentos y disfrutar de una mejor definición de imagen (más rica en detalles). Pero tenga también presente que más apertura no solo implica mayor peso y volumen, sino también una mayor exigencia por nuestra parte para aprender a manejar el telescopio adecuadamente -por ejemplo, la ampliación requerida para obetener una imagen bien contrastada aumenta conforme lo hace el diámetro del objetivo-. Una apertura de al menos 125 mm puede suponer un buen punto de partida, que le facilitará una potencia de ampliación (250x o más) y un poder de captación de luz (más de 300x) suficientes para acceder a unas vistas planetarias detalladas, así como un gran número de cúmulos estelares, y unas cuantas galaxias y nebulosas. Si su volumen no supone un inconveniente, tenga muy en consideración los telescopios dobsonianos grandes, que le proporcionarán las mayores aperturas al mejor precio.

celestron_nexstar90slt.jpgNo obstante, procure no llegar a obsesionarse con la apertura, especialmente si va a comprar un telescopio por primera vez, y no deje de prestar la debida atención a la calidad constructiva del sistema óptico, la montura o el trípode. Considere, por ejemplo, que en zonas urbanas un telescopio de gran apertura amplificará aún más el brillo del cielo, pudiendo ser incluso menos apropiado que un instrumento más pequeño para observar los objetos que habitualmente se ven en cielos poco oscuros; y tenga en cuenta también que habitualmente no irá mucho más allá de 200 o 250 aumentos de forma satisfactoria, ni con el mejor de los telescopios, pues la distorsión producida por la atmósfera en la imagen se hará patente, y más aún con un telescopio de gran diámetro. En este sentido, un objetivo de 70 mm en un telescopio refractor, 114 mm en un Newton o 90 mm en un Maksutov, pueden ser suficientes para empezar sin grandes pretensiones; y según la experiencia compartida con algunos de mis clientes, una apertura de 200 mm (8") en un reflector Newton o en un Schmidt-Cassegrain, supone una opción muy razonable, por manejabilidad y versatilidad, para adentrarse en esta afición con aspiraciones serias.

Cuando se encuentre ante un par de telescopios de parecidas características y precio, es probable que uno de los dos venga acompañado de menos accesorios y esto se deba a que la calidad del conjunto más completo es menor; así que mire bien este aspecto y decántese por el de mejor calidad. Su experiencia con el telescopio resultará mucho más satisfactoria a largo plazo si va completando su juego de accesorios con elementos (oculares, Barlow, filtros, etc.) de buena calidad.

En lo que se refiere al diseño óptico, debemos tener en cuenta el tipo de uso que pretendamos hacer del telescopio. Por ejemplo, para emplearlo también en observaciones terrestres, los refractores y catadióptricos facilitan una posición de observación muy apropiada y una imagen correctamente orientada (no invertida) con un prisma inversor acodado a 45º. Para observaciones de cielo profundo, es deseable un gran poder de captación de luz y generalmente se emplean aumentos moderados; aspectos que satisfará un reflector con focal corta y mayor apertura que un refractor o un catadiótrico a igualdad de precio. Los sistemas ópticos más polivalentes suelen ser catadióptricos, permitiendo grandes aperturas y focales largas en tubos cortos, fáciles de manejar y transportar.

Respecto a la montura, recuerde que además de ser capaz de soportar con solidez el tubo óptico, es importante que le permita apuntar el telescopio con movimientos suaves y precisos, pues centrar un objeto celeste en el ocular cuando usamos cierto aumento, con un campo de visión muy reducido, requiere tener un buen control sobre el desplazamiento del telescopio. Las monturas ecuatoriales siempre incorporan mandos de movimiento lento en los dos ejes y suelen ser más estables que las altazimutales, por su diseño más pesado y robusto; pero para un primer telescopio es muy probable que prefiera la simplicidad de una montura altazimutal (giramos el tubo óptico de arriba a abajo y de izquierda a derecha para apuntar), especialmente si también quiere usarlo para observación terrestre. Si se inclina por una montura computerizada y tiene intención de realizar astrofotografía, tenga en cuenta que aunque una altazimutal sigue perfectamente los objetos celestes, para realizar fototografía de larga exposición necesitará usar una montura ecuatorial -o al menos poder acoplar la montura sobre una cuña ecuatorial en caso de usar una altazimutal- que compense la rotación de campo de forma que la imagen del objeto no gire.

En fin, es muy probable que después de leer esta guía le surjan a usted nevas cuestiones sobre la elección de un telescopio astronómico, así que no dude en contactar con nosotros para que podamos asesorarle de forma personalizada. Y tenga en cuenta que por las manos de la gente que se aficiona seriamente a la observación astronómica suele pasar más de un telescopio a lo largo de los años, pero es necesario tener un primer telescopio para que nuestra propia experiencia nos marque el camino a seguir. Es posible que en nuestra selección de telescopios de iniciación recomendados encuentre alguna sugerencia interesante dentro de un presupuesto ajustado.

 

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